jueves, 20 de enero de 2011

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Sabes, te escribo con la esperanza que ya casi no tengo, con la ilusión que me levanta y con la soledad que me sustenta!!
Te escribo ahora porque mas tarde no le sé, no lo sabré; te escribo porque ahora mismo es que te nombro con la tenacidad de mi voz, con el seño teñido de melancolía y una voz en el susurro de mi conciencia que dice: ¡HAY MUCHA AUSENCIA!
Sin más que decir, más que un lúcido firmamento que nos intenta recordar que estamos vivos, que debemos volver a nuestra realidad (?) o irrealidades, no lo sé. Todo se mueve bajo un espejismo silencios, hipócrita, que se disfraza de fidelidad, armonía, paz, amistad y toda una serie de sentimientos que  a la final se domestican, se revierten, se ocultan, se miente...¡se agoniza!
necesariamente, vivimos allí, allí mismo en un mundo que nos creamos, donde nos creemos todo, hasta que estamos vivos, como si lo estuviéramos, falta ver a la atmosfera, al andén de la casa,  la calle de la zona de tolerancia de la cuidad, y allí vemos que nos matamos silenciosamente, nos agonizamos, nos creamos prejuicios queriendo estar vivos y lo único que hacemos es hundirnos en el pantano o en la hoguera del engaño, de la envidia y entonces nos quedamos con la mirada triste que se ve sobre la ventana. No obstante nos levantamos todos los días, hacemos lo mismo y no nos ahogamos, decimos lo mismo y nos  lo creemos, y ¿amamos lo mismo...?

Nos tiramos de un lado y del otro y estamos de ¿qué lado???


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