viernes, 19 de noviembre de 2010

Les jeunes filles d'Avignon

YO.MUJER Y
LAS “JEUNES FILLES D’AVIGNON” (las señoritas de Avignon) DE PICASSO

Cada ser humano representa el mundo de una forma particular, esto es simboliza los referentes que lo circundan y los guarda en su memoria personal para que se activen en el momento dialógico colectivo cultural. El cerebro humano, como entidad sintiente, semantiza, re-semantiza su entorno gracias a su potencial biológico-evolutivo, a su configuración eléctrico/química. ¿Y cómo podemos apreciar esto en la cotidianidad? El ejemplo que quiero citar a modo de ilustración, además de afirmación, es el siguiente: uno de los significados- por no decir que el único- que activa la mujer como ser simbólico es el de objeto sexual. ¿Por qué esta imagen se ha mantenido tanto tiempo y dejamos que se perpetúe? Tal vez a veces instantáneamente queremos dar respuesta a este y a todos nuestros interrogantes existenciales. Sin embargo, a veces sin quererlo, nos convertimos en la Irma Cortazariana, en la Marie del Extranjero, en la Ana Karenina de Tolstoi, en la Bovary de Flaubert y entonces frente a esta metamorfosis inesperada aceptamos de la manera mas cobarde, la imposición de un canon absurdo y degradante, registrado en nuestra cognición la fantasía femenina de un imposible umbral al que denominamos “libertad”. Nos escudamos tras un lenguaje machista para justificar no solo nuestra impotencia existencial, sino también para validar el papel judeocristiano de la mujer occidental.
Florence Thomas afirma con lucidez dice “amar es el riesgo de querer al otro en su libertad, esperando sólo la fidelidad que él se debe a sí mismo”. Hombre y mujer dicen amarse, pero ¿cuál es el significado que activan el amor, la libertad y ser mujer? Pero aun, la mujer creyendo en la idea de una evolución social, del logro de una existencial y sentimiento equitativos, intentamos acercarnos al más perfecto idealismo feminista (¿o debemos decir chauvinista?) intentando re-semantizar el papel subordinado e instrumental, con resultados más que patéticos. Nos sigue gustando la configuración semiótica de lo femenino que el hombre quiérase o no, impone. Basta con observar la publicidad, las revistas, los carteles, los catálogos para la venta de productos de belleza y ropa y lo que encontramos es el sema isotópico. Mujer ═ sexo. El amor, la sexualidad y el sexo femenino han sido el tópico semantizado y re-semantizado por el cerebro masculino imponiéndolo en una sociedad que ha terminado por ser completamente masculina en cuanto a configuración semiótica. Este tipo de tendencia obedece, sin duda alguna a resortes de procedencia biológica. El sexo es un instinto, una necesidad animal: Las pautas de comportamiento sexual humano son diversas y complejas. La variabilidad es mayor en las etapas iniciales (cortejo), hay algunos patrones del firteo y señales de atracciones sexuales virtualmente universales, resistentes a las barreras culturales. En todo grupo humano la gente puede querer realizar actos sexuales por una multitud  de motivos, que se pueden combinar en proporciones variables: a) procreación, b) logro de placer en intimidad afectiva, (Kama Sutra), c) medio para lograr fines.
Por fortuna, no todos los hombres ven en  la mujer (i.e. representan) sólo lo sexual. Ven en ella todo un universo de significaciones que la convierten en su par, en una suerte de alter ego. Pienso en el caso de Picasso. Si bien es cierto que gozó de los encantos carnales femeninos, vio en la mujer la posibilidad de expresión perfecta de misterio y de unidad. El cuadro de las Jeunes filles d’Avignon es muestra de ello y lo vemos por ejemplo en la mujer que está de espaldas con los muslos y el rostro de frente, saliendo de sí misma una mirada profunda, con aires de dureza y voluntad de dominio; es el logro de una geometría femenina, un desnudo configurado en un croquis asimétrico, produciendo una sensación de metamorfosis, entreviéndose un erotismo como éter existencial ligado a un feminismo autónomo. Picasso escala por el camino del desnudo femenino y no teme; sigue y significa con su lente artístico, permitiéndole al espectador acercarse a al orilla del oleo, viendo allí mismo que somos más que un ausente ser de amor y respeto, condenado a la idea de fidelidad de un machismo que no reconoce y no ve en la mujer una verdadera poesía de vida, de pasión y de existencia.
Es probable que Picasso haya querido enseñarles a las mujeres de su época que el erotismo es algo más que una simple representación sexual, que el erotismo no es sólo un acto biológico sino la expresión del lenguaje consolidado a partir de unos procesos cognitivos (lo emotivo generado y procesado ene le hemisferio derecho cerebral) de una actividad lingüística (entendida como un campo de estudio de muchas posibilidades de expresión del lenguaje y por ende de la lengua).
Quiero creer que Picasso no hacia el amor sino vivía el amor. No consumía al otro sino que contemplaba al otro. Como artista, no era presa de la sociedad de consumo sino  de una sociedad de contemplación, de desposesión, surrealismo y patafísica, irreverencia y desafío.



Katerine Suárez.

martes, 16 de noviembre de 2010

algo diferente

“La mente: una posible configuración de contradicciones… para mediar la cotidianidad de la que tanto se conduelen”

A través de las circunstancias de un contexto común, los individuos suelen llevar a cabo todo un seriado de acontecimientos, que en su totalidad tienen como código de comunicación la lengua; en esa medida se establecen actos comunicativos que nos permite identificar las diferentes perspectivas del `mundo´, que se construye en el cerebro humano. Sin embargo,  habrá  de ser pertinente citar que  tras ese proceso de construcción de un posible mundo, las experiencias y los significados de los objetos implicados,  ya sea de orden apriorístico o no;  pasan de ser meros entes de naturaleza escéptica  a ser un objeto ségnico y por ende de reflexión que  representa una serie de significaciones;  que luego, siendo condensadas y coordinadas en los procesos cerebrales del individuo, se convierte  en un constructo de un universo.
Así, es muy común encontrar que diferentes seres humanos den distintas interpretaciones a un mismo objeto, i.e, diferentes semantizaciones; teniendo en cuenta uno de los pensamientos Nietzscheano “no existen hechos sino interpretaciones”, vemos que la realidad común se va construyendo en la medida  que el individuo piensa su naturaleza y luego reflexiona sobre ella estableciendo juicios que terminarán siendo los cánones de un posible sistema organizacional, que actualmente se determina como `sociedad´. Así poco a poco  el individuo se consolida como ser social, pues su actividad de reflexión no queda en el abandono de un somero análisis de cotidianidad, sino en  esa posibilidad de establecer nuevos paradigmas de evolución y construcción de pensamiento.

En ese orden ideas, el ser humano a través de la experiencia va consolidando una serie de significaciones que se van almacenando en su cerebro, luego esto le permitirá dar sentido a los demás acontecimientos en los que entre en contacto o los que le represente algún significado; por tal vemos constantemente, que el individuo se comporta en distintos contextos de maneras particulares, i.e, que dentro de su desarrollo de actividad social con sus congéneres a través de un mismo referente comunicativo -la lengua-, establece comunicación y así una posible interpretación de un discurso a expresar; pero la pregunta que en estas circunstancias del uso del lenguaje es ¿Cuál es el factor que incide sobre la autonomía de mis interpretaciones y el constructo de mis esquemas mentales, que median mi autonomía como INDIVIDUO pensante dentro de un contexto común? Porque si bien es cierto que los seres humanos compartimos un contexto `sociedad´, ello no es patrón de información genética- aunque incida-, para estimular mi cerebro a través de la observación y de la reflexión de la misma, pues así como todos somos biológicamente distintos y aun con características fenotípicas comunes, ello no es muestra de que todos DEBAMOS establecer un mismo esquema de pensamiento, pues en gratitud a esa diferencia genética y fenotípica podemos establecer distintas interpretaciones de la realidad. Sin embargo, actualmente es común encontrar en distintos sub-contextos, que los individuos participes del mismo, piensan e interpretan según lo “condicione” el tutor del campo de participación; para ser mas precisa, citaré un sub-contexto común en mi caso: la universidad. Esta como objeto ségnico, tiene como una fuerte significación, la formación académica de individuos pertenecientes a una sociedad; independiente de las demás posibles significaciones que se le atribuyen  a este lugar, vemos que esta es la mas común; así entonces se estima  que dentro de su proceso de formación a individuos, el discurso a desarrollar de cada uno de estos, sea autónomo y mediado por su actividad de reflexión de la `realidad´, es decir que su cerebro pase de ser un mero ente biológico y se convierta en la fusión de cerebro-mente, en otras palabras, que  a través de la estimulación académica, la cual deberá ser la generadora de pensamiento, la relacione con su constructo previo de significaciones que ha adquirido a través de la experiencia, evitando así, que este constructo se quede como un simple patrón de aglutinamiento de ideas cerebrales, sino que por el contrario adquieran su importancia y su función. Lo anterior es el ideal de toda institución –supongo-, pero vemos que en muchas ocasiones los individuos hacen uso de su razón y capacidad de asociación, para dar relevancia al pensamiento de un profesor.; se deja entonces de lado la elaboración de un pensamiento autónomo y critico de estudiante, para adoptar el del “profesor”, aunque previo a este acontecimiento suele observarse que los individuos mantienen una condolencia por lo emitido por el profesor, aunque a la final termine diciendo  (o REPITIENDO), el mismo pensamiento del profesor.

En esa medida ha de decirse, que el pensamiento y el conocimiento científico no se genera a través de la reiteración de un mismo pensamiento, sino por el contrario a través de la reflexión, interpretación que el cerebro de cada individuo haga de su realidad posible, haciendo paralelo con las semantizaciones de los objetos y acontecimientos representativos para el mismo. Así entonces, es contradictorio observar que un conjunto de individuos que (re) claman por la urgencia de una revolución racional  de academia o de paradigmas sociales, cuando aun se mantiene un arraigamiento con  las arcaicas concepciones de pensamiento. Es entonces fundamental concebir la importancia de la fusión del cerebro-mente; pues que a de establecerse con un pensamiento subordinado a la cotidianidad de otro.


katerine Suarez.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Baudelaire

L'étranger


- Qui aimes-tu le mieux, homme enigmatique, dis? ton père, ta mère, ta soeur ou ton frère?
- Je n'ai ni père, ni mère, ni soeur, ni frère.
- Tes amis?
-Vous vous servez là d'une parole dont le sens m'est resté jusqu'à ce jour inconnu.
- Ta patrie?
- J'ignore sous quelle latitude elle est située.
- La beauté?
- Je l'aimerais volontiers, déesse et immortelle.
- L'or?
- Je le hais comme vous haïssez Dieu.
- Eh! qu'aimes-tu donc, extraordinaire étranger?
- J'aime les nuages... les nuages qui passent... là-bas... là-bas... les merveilleux nuages!
Baudelaire: Petits poèmes en prose, I (1869)

una historia inacabada

UNA HISTORIA INACABADA

Pareciera que dentro de las grandes necesidades del ser humano se encuentran la de conservación de especie; a ello debemos que a diario nazcan millones de niños en el mundo. Y es que no es para menos, es prioritario no desaparecer. Así pues, resulta que ya hace varios años, con esa misma necesidad, una pareja de jóvenes, hombre y mujer, inmersos en los peligrosos pero deliciosamente inevitables juegos del amor, estaban  jugando y jugando y entre mas jugaban más inmersos se encontraban. Y entonces pasado algún tiempo no muy prudente pero quizás el justo –lo consideraría la vida, no lo sé- en la cumbre del juego, los jugadores fueron sorprendidos…vaya, vaya y que sorpresa; los dos con un horizonte perdido pero con unas inmensas ganas de vivir o sobrevivir –no lo sé- , ahora es ella, quien demanda esperar nueve meses a que crezca una barriga inmensa, quien deba soportar los avatares del cambio biológico de su cuerpo, viene ahora las nauseas, las eternas noches de insomnio y ahora será su columna arqueada y algo más… ¿Qué hacer?
Esperar.
Entonces pasan  los nueves meses, los dolores de cabezas y algunos achaques más que trae consigo el embarazo y resulta que ahora es una vida, una vida de mujer la que llega a un mundo mezquino y algo raro, no mucho, lo suficiente para salir corriendo en busca de la nada, pero es preferible eso a hacerse insoportable la existencia en este mundo; pero bueno, sin lamentaciones, resulta que llega una niña, y es sorprendente, porque ello es índice de la desaparición del apellido de papá; la contramarca de la idea machista y patriarcal que emana aun en muchos de nuestros hogares. Pero sin parecer que importara, ella es aceptada y además nombrada LICET KATERINE, claro esta que con los apellidos de papá y mamá, que hacen de ella alguien reconocida, en una sociedad; SUAREZ VELASCO. Y suena rarísimo, pero bueno esos son los nombres que eligieron papá y mamá y yo aun estaba muy pequeña para protestar y después de tantos años, ya me he acomodado a estos nombres, que además de todo ahora me gustan mucho más.
Así entonces es que naci en unas de las ciudades más bonitas que conozco: Bucaramanga, y si el notario y mis papas no se equivocaron, dicen que naci el 27 de abril disque del año 1988, pero yo no sé, a veces parece que hubiera nacido antes y a veces mucho después, quien sabe…
Así pues, resulta que he compartido mi vida con mucha gente. Como toda pareja de papas jóvenes fueron a vivir donde mi nona –la mamá de mi mamá- y con ella experimenté los primeros caminos raros de la vida, crecí en medio  de las madrugadas heladas de unas latas de pan, porque la nona vendía pan, entonces no habiendo con quien dejar a la niña, había que llevarla a todas partes. Así entonces mi sueño terminaba en una lata fría, escuchando las noticias de “radio reloj”, rancheras, a veces boleros y algo más. Y todo esto, mientras papá y mamá trabajaban para que a la niña no le faltara la “mazamorra de cebada” y su tetero de buenas noches y buenos días. Esos eran tiempos de comienzo, reconocer un mundo, mas bien, todo un universo que se me venia encima.
El tiempo entonces pasaba y pasaba y mi niñez se disolvía entre teteros, dulces, y muchos consentimientos por ser la primera nieta mujer; entonces, tíos, tías y primos  y todas estas etiquetas que les ponen a los miembros de una familia en relación con otro u otra, se convirtieron en mis aliados de niñez. Entonces, mi vida se empezó a formar, creciendo bajo la protección de muchos pero experimentando el mundo sola, jugué solo con niños, jugué a carritos, a las canicas, al hoyito y venados y cazadores.
Y quizás todo ello sea el reflejo de mi perspectiva del mundo.
Pero bueno sigamos. Resulta entonces que pasados ya cuatro años, mamá nuevamente esta de “camisa por fuera”, eso indica que ahora iba a estar acompañada y por tanto tener que compartir mis juguetes y mi cama. Pues si. Ahora ya no viviam0s donde la nona, sino en un barrio discreto donde la casa era solo para nosotros, o mas bien ¿para mi? No sé. El caso es que esperábamos a alguien más para la familia y ahora si todos querían que fuera barón, pero ¡upps! Resulta que fue niña. Pero eso no era excusa para que papá no nos hubiera enseñado a coger un balón de futbol, a vestirnos con un uniforme e ir a la cancha a patear siquiera el balón.  De todas formas, ahora éramos dos.
A mi hermana a mi nos costó acostumbrarnos a compartir el tiempo y mucho mas. A mí a tener que darle la compota y ya no jugar tanto con mis amigos si no con ella. Una ardua tarea de pasar de ser hija única a ser hermana única.
Pero en fin, como siempre la costumbre se va dando y a ella siempre nos terminamos acomodando.
 Ahora entonces papá comenzaba a trabajar viajando, pues ahora el gasto era doble y las necesidades imperiosas. Pero sin contar con las consecuencias que ello implicaba, papá poco a poco se iba alejando.
Pero aun y con todo eso, la vida nos trataba bonito. Después de unos años de arduo trabajo y una dedicación admirable por parte de papá y mamá teníamos casa nueva, pero también hermana nueva. Ahora somos tres.
Papá seguía viajando y viajando; y nosotras creciendo y creciendo. Pero con el tiempo, el libreto de la vida se cambio y papá en unos de sus viajes perdió el camino y encontró lugar en otra casa. Así entonces, papá y mamá ya no son  uno solo –o quizás nunca lo fueron- sino cada uno, nosotras con mamá y papá no sé con quien.
Para esa época contaba con once años, plena entrada a la adolescencia y una vida que me respiraba en el oído apresurándome a caminar, casi que acorrer.
Después de todo estos, de las malas pasadas que la vida nos suele hacer; llega entonces la escuela y con ella todas las inquietudes de la adolescencia. Sí y vaya que cosas.
Resulta que en mi primer año de bachillerato, la profe de español y que era la misma de inglés, se nos convierte en el “bicho raro”. Todos los viernes a las dos últimas horas de clase pasaba por los puestos de cada uno y nos daba un libro corto, recuerdo que era de la colección de la Torre de Babel, y entonces, eran dos horas que en la que me desconectaba del mundo de cotidianidad, y de la injusta comprensión que la vida tenía conmigo. Así entonces la profe Martha – así se llamaba o se llama, si aún vive-  se convirtió en mi aliada existencial; aunque ella no lo supiera.
La escuela era ahora mi mejor espacio de escape, donde yo sentía que el tiempo se prolongaba y el desasosiego desaparecía, aunque fuera momentáneo. Papá ya no estaba y eso era algo a lo que aún no me acostumbraba. Así empezó mi relación con la lectura, en medio de tanta melancolía, la lectura me construyo un mundo en el que aprendí a madurar, a pensar en aquellas cosas que no son tono rosa.
Durante la escuela empecé a conocer varios autores con cada profesor de español, pero hoy en día reconozco que los profesores no fueron muy acertados en las estrategias que utilizaron para promover nuestro interés en la lectura. Todo esto paso en Bucaramanga, mi ciudad llena de misterios que me enseñaron a ver el mundo. Pasados unos años, cuando tan solo tenía catorce años, la situación económica de casa, era pésima; entonces mamá decidió enviarnos a donde papá y ¡vaya cosa!
Papá era otro, no del que yo me había enamorado, en el que había depositado mi confianza y mi más voto de lealtad y de orgullo. Ahora todo era un mundo de hipocresía y quizás eso sea algo que no le perdono. Sumado todo esto, tenía que ir a un nuevo colegio ¡uf! Y que tarea.
Cursando decimo y once, me convertí en la estrella del colegio, ahora era la más popular, destacada por mi buen desempeño académico, me sentía valiente y no tenía miedo. Entonces, empezando clases yo me había convertido en mi propia competencia; y por tal, ahora yo leía y leía para estar por encima de mi propio nivel. Así las cosas, todo en mi vida cambió, entonces los profesores me veían de manera diferente y así mismo me exigían, yo ahora hacia parte de las letras sin saber aun que iba a estudiarlas.
Terminada la escuela y bienvenida el mundo infinito de la universidad, vaya coincidencias de la vida, ahora yo estudiando Licenciatura en Español; y aunque aún no tenía muy claro lo que ello implicaba. Entonces, empecé la carrera que hoy es mi sustento existencial, vivo para y por mi carera, las letras se convirtieron en mis aliadas, ahora se incluyen en mí y para mi vida.






miércoles, 10 de noviembre de 2010

un poema de Jaime Sabines

el papel y yo




Resulta que cuando uno crece, cree saberlo todo y quizás un poco mas. Pero no. Y eso o  he comprobado ahora mismo. cuando después de once años de estudio y algunos mas de universidad me encuentro frente a un inofensivo papel con la sútil esperanza que de él salga “algo”, un algo que sea un signo que se sume a la semiótica de mi vida.
Entonces todo parece muy fácil. Es muy fácil mira. Es tan solo ver lo que tengo de mi lado, ver que es el papel quien me guiña el ojo y como en coquitos, ansioso espera que le tome, que le transforme, que le de el matiz que se ajuste a mi medida, ¡uf! Perdón a la medida de la imaginación.
Es allí cuando mis manos silenciosas pero llenas de sentidos, de un tacto atrevido, pecador, se acercan al papel en una especie de tango; empiezan a moverse de lado a lado de a mesa, en el aire; parece una clase de levitación, no lo sé. Pero allí están, dispuestas al instante, a la creación de ese de “algo” que se configure solo en mi mente. El papel y mis manos.
Y es que parece raro, son mis manos que se confunden y el papel pareciera que se aislara. No lo sé. Pero allí, mis dedos tercos, traviesos e inquietos, van y vienen en su tras, tras, tras…del tango, de aquella danza que les envuelve con el papel.

Rarísimo, el papel triunfante sobre los dedos. Pero de momento, mis dedos y el papel se comprenden, se complementan, se hacen uno del otro y al fin; una novedad, mis dedos han doblado un pliegue, dos pliegues del papel, ahora una punta y de la punta se hace un pliegue más; los dedos inquietos junto al papel le van dando una forma de ese “algo”, que ahora es “mi algo”, que me pertenece y que vuelva, llevando en él un sueño, un algo más, pero no cualquier más.