UNA HISTORIA INACABADA
Pareciera que dentro de las grandes necesidades del ser humano se encuentran la de conservación de especie; a ello debemos que a diario nazcan millones de niños en el mundo. Y es que no es para menos, es prioritario no desaparecer. Así pues, resulta que ya hace varios años, con esa misma necesidad, una pareja de jóvenes, hombre y mujer, inmersos en los peligrosos pero deliciosamente inevitables juegos del amor, estaban jugando y jugando y entre mas jugaban más inmersos se encontraban. Y entonces pasado algún tiempo no muy prudente pero quizás el justo –lo consideraría la vida, no lo sé- en la cumbre del juego, los jugadores fueron sorprendidos…vaya, vaya y que sorpresa; los dos con un horizonte perdido pero con unas inmensas ganas de vivir o sobrevivir –no lo sé- , ahora es ella, quien demanda esperar nueve meses a que crezca una barriga inmensa, quien deba soportar los avatares del cambio biológico de su cuerpo, viene ahora las nauseas, las eternas noches de insomnio y ahora será su columna arqueada y algo más… ¿Qué hacer?
Esperar.
Entonces pasan los nueves meses, los dolores de cabezas y algunos achaques más que trae consigo el embarazo y resulta que ahora es una vida, una vida de mujer la que llega a un mundo mezquino y algo raro, no mucho, lo suficiente para salir corriendo en busca de la nada, pero es preferible eso a hacerse insoportable la existencia en este mundo; pero bueno, sin lamentaciones, resulta que llega una niña, y es sorprendente, porque ello es índice de la desaparición del apellido de papá; la contramarca de la idea machista y patriarcal que emana aun en muchos de nuestros hogares. Pero sin parecer que importara, ella es aceptada y además nombrada LICET KATERINE, claro esta que con los apellidos de papá y mamá, que hacen de ella alguien reconocida, en una sociedad; SUAREZ VELASCO. Y suena rarísimo, pero bueno esos son los nombres que eligieron papá y mamá y yo aun estaba muy pequeña para protestar y después de tantos años, ya me he acomodado a estos nombres, que además de todo ahora me gustan mucho más.
Así entonces es que naci en unas de las ciudades más bonitas que conozco: Bucaramanga, y si el notario y mis papas no se equivocaron, dicen que naci el 27 de abril disque del año 1988, pero yo no sé, a veces parece que hubiera nacido antes y a veces mucho después, quien sabe…
Así pues, resulta que he compartido mi vida con mucha gente. Como toda pareja de papas jóvenes fueron a vivir donde mi nona –la mamá de mi mamá- y con ella experimenté los primeros caminos raros de la vida, crecí en medio de las madrugadas heladas de unas latas de pan, porque la nona vendía pan, entonces no habiendo con quien dejar a la niña, había que llevarla a todas partes. Así entonces mi sueño terminaba en una lata fría, escuchando las noticias de “radio reloj”, rancheras, a veces boleros y algo más. Y todo esto, mientras papá y mamá trabajaban para que a la niña no le faltara la “mazamorra de cebada” y su tetero de buenas noches y buenos días. Esos eran tiempos de comienzo, reconocer un mundo, mas bien, todo un universo que se me venia encima.
El tiempo entonces pasaba y pasaba y mi niñez se disolvía entre teteros, dulces, y muchos consentimientos por ser la primera nieta mujer; entonces, tíos, tías y primos y todas estas etiquetas que les ponen a los miembros de una familia en relación con otro u otra, se convirtieron en mis aliados de niñez. Entonces, mi vida se empezó a formar, creciendo bajo la protección de muchos pero experimentando el mundo sola, jugué solo con niños, jugué a carritos, a las canicas, al hoyito y venados y cazadores.
Y quizás todo ello sea el reflejo de mi perspectiva del mundo.
Pero bueno sigamos. Resulta entonces que pasados ya cuatro años, mamá nuevamente esta de “camisa por fuera”, eso indica que ahora iba a estar acompañada y por tanto tener que compartir mis juguetes y mi cama. Pues si. Ahora ya no viviam0s donde la nona, sino en un barrio discreto donde la casa era solo para nosotros, o mas bien ¿para mi? No sé. El caso es que esperábamos a alguien más para la familia y ahora si todos querían que fuera barón, pero ¡upps! Resulta que fue niña. Pero eso no era excusa para que papá no nos hubiera enseñado a coger un balón de futbol, a vestirnos con un uniforme e ir a la cancha a patear siquiera el balón. De todas formas, ahora éramos dos.
A mi hermana a mi nos costó acostumbrarnos a compartir el tiempo y mucho mas. A mí a tener que darle la compota y ya no jugar tanto con mis amigos si no con ella. Una ardua tarea de pasar de ser hija única a ser hermana única.
Pero en fin, como siempre la costumbre se va dando y a ella siempre nos terminamos acomodando.
Ahora entonces papá comenzaba a trabajar viajando, pues ahora el gasto era doble y las necesidades imperiosas. Pero sin contar con las consecuencias que ello implicaba, papá poco a poco se iba alejando.
Pero aun y con todo eso, la vida nos trataba bonito. Después de unos años de arduo trabajo y una dedicación admirable por parte de papá y mamá teníamos casa nueva, pero también hermana nueva. Ahora somos tres.
Papá seguía viajando y viajando; y nosotras creciendo y creciendo. Pero con el tiempo, el libreto de la vida se cambio y papá en unos de sus viajes perdió el camino y encontró lugar en otra casa. Así entonces, papá y mamá ya no son uno solo –o quizás nunca lo fueron- sino cada uno, nosotras con mamá y papá no sé con quien.
Para esa época contaba con once años, plena entrada a la adolescencia y una vida que me respiraba en el oído apresurándome a caminar, casi que acorrer.
Después de todo estos, de las malas pasadas que la vida nos suele hacer; llega entonces la escuela y con ella todas las inquietudes de la adolescencia. Sí y vaya que cosas.
Resulta que en mi primer año de bachillerato, la profe de español y que era la misma de inglés, se nos convierte en el “bicho raro”. Todos los viernes a las dos últimas horas de clase pasaba por los puestos de cada uno y nos daba un libro corto, recuerdo que era de la colección de la Torre de Babel, y entonces, eran dos horas que en la que me desconectaba del mundo de cotidianidad, y de la injusta comprensión que la vida tenía conmigo. Así entonces la profe Martha – así se llamaba o se llama, si aún vive- se convirtió en mi aliada existencial; aunque ella no lo supiera.
La escuela era ahora mi mejor espacio de escape, donde yo sentía que el tiempo se prolongaba y el desasosiego desaparecía, aunque fuera momentáneo. Papá ya no estaba y eso era algo a lo que aún no me acostumbraba. Así empezó mi relación con la lectura, en medio de tanta melancolía, la lectura me construyo un mundo en el que aprendí a madurar, a pensar en aquellas cosas que no son tono rosa.
Durante la escuela empecé a conocer varios autores con cada profesor de español, pero hoy en día reconozco que los profesores no fueron muy acertados en las estrategias que utilizaron para promover nuestro interés en la lectura. Todo esto paso en Bucaramanga, mi ciudad llena de misterios que me enseñaron a ver el mundo. Pasados unos años, cuando tan solo tenía catorce años, la situación económica de casa, era pésima; entonces mamá decidió enviarnos a donde papá y ¡vaya cosa!
Papá era otro, no del que yo me había enamorado, en el que había depositado mi confianza y mi más voto de lealtad y de orgullo. Ahora todo era un mundo de hipocresía y quizás eso sea algo que no le perdono. Sumado todo esto, tenía que ir a un nuevo colegio ¡uf! Y que tarea.
Cursando decimo y once, me convertí en la estrella del colegio, ahora era la más popular, destacada por mi buen desempeño académico, me sentía valiente y no tenía miedo. Entonces, empezando clases yo me había convertido en mi propia competencia; y por tal, ahora yo leía y leía para estar por encima de mi propio nivel. Así las cosas, todo en mi vida cambió, entonces los profesores me veían de manera diferente y así mismo me exigían, yo ahora hacia parte de las letras sin saber aun que iba a estudiarlas.
Terminada la escuela y bienvenida el mundo infinito de la universidad, vaya coincidencias de la vida, ahora yo estudiando Licenciatura en Español; y aunque aún no tenía muy claro lo que ello implicaba. Entonces, empecé la carrera que hoy es mi sustento existencial, vivo para y por mi carera, las letras se convirtieron en mis aliadas, ahora se incluyen en mí y para mi vida.
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