jueves, 25 de agosto de 2011

El reportaje

De la clase al oficio del escritor


PREGUNTAS FORMULADAS AL PROFESOR VICTOR LONGA
Nombre completo: Víctor M. Longa
Títulos profesionales: Licenciado en Filología Hispánica, Licenciado con Grado en Filología Hispánica, Doctor en Filología Hispánica
Cargo actual: Profesor Titular de Universidad, área de Lingüística General
Institución donde trabajo: Universidad de Santiago de Compostela, España. Pertenezco al Departamento de Literatura Española, Teoría de la Literatura y Lingüística General.

1.      ¿Por qué escogió el área de la lingüística como su campo de especialidad? ¿Hubo algún tipo de influencia para tomar esa decisión?
Cuando empecé la licenciatura de filología hispánica, realmente mis intereses tenían que ver con la literatura más que con la lingüística. Siempre es difícil tratar de indagar en las razones que conducen a una persona a escoger un campo de especialidad. Quizás uno de ellos tuvo que ver con una asignatura cursada en mi tercer curso de la carrera, donde entre otros aspectos se trataba la Gramática Generativa de Chomsky. Me tomé muy en serio esa asignatura, y en especial la mencionada corriente.

2.      Usted es docente universitario y en su práctica permanente debe conjugar las actividades de docencia e investigación. ¿Por qué su producción académica se centra sobretodo en el aspecto lingüístico y deja de lado lo pedagógico?
Sobre la primera reflexión de esta pregunta, tiene razón: en España se contempla que la labor de un profesor universitario debe ser tanto la docencia como la investigación. Sobre la pregunta que me hace, creo que lo que señala es hasta cierto punto inevitable, dada la especialización existente en España: los profesores de pedagogía y de las didácticas específicas (por ejemplo, didáctica de la lengua y la literatura, didáctica de las matemáticas, etc.) son los que suelen tratar el aspecto pedagógico del contenido específico de cada disciplina.
En todo caso, aunque efectivamente la gran mayoría de mis publicaciones hacen aportaciones de investigación (esto es, no pedagógicas), algunos trabajos que he publicado se han escrito con afán pedagógico, pensando en alumnos de carrera. Y también, trato siempre que es posible de contar a los alumnos resultados de investigación que he alcanzado (siempre adecuando esos contenidos al nivel de los alumnos). Esa sinergia entre investigación y docencia es siempre muy deseable, cuando se dan las condiciones para ella.

3.      Para todo académico el ejercicio de escritura es capital. ¿Cuál es su motivación para la escritura y qué le hace mantener –como lo afirma García Márquez- el brazo caliente para escribir?
Siempre he tenido una gran curiosidad para aprender. Esa es mi principal motivación en la lingüística, poder aprender y poder contar a la comunidad científica cosas nuevas, o ver aspectos ya previamente conocidos desde otro prisma. Mi motivación para escribir deriva del aspecto señalado: escribo los resultados de una investigación cuando creo que tales resultados merecen la pena ser contados y difundidos. En caso contrario, cuando creo que esos resultados no son relevantes como para ser difundidos, no considero que el tiempo invertido haya sido una pérdida de tiempo, pues la reflexión sobre un aspecto dado siempre es enriquecedor para la propia formación.

4.      En una reflexión sobre el papel de las Humanidades, el profesor Ángel López afirmaba que “necesitamos profesores capaces de tender puentes, grandes lectores de todo tipo de obras -de historia, literatura, filosofía, arte, comunicación, ciencias (sí, también ciencias), etc.- que vean el mundo como un todo, no como una serie de compartimentos estancos.” Al leer algunos de sus textos me parece que hacia allá apuntan ¿está de acuerdo con esta apreciación?
Ángel López tiene toda la razón, y él mismo es uno de los lingüístas españoles que más y mejor cultivan la conexión entre diferentes puentes. Yo coincido plenamente con él, por lo que efectivamente trato de tender puentes entre diferentes disciplinas o temas.

5.      Tengo entendido que usted maneja el inglés. ¿Cómo lo aprendió y bajo qué condiciones?
Sí, a la fuerza hay que manejar el inglés, no sólo en lingüística, sino, creo que en cualquier especialidad: las principales revistas de cada disciplina se publican en esa lengua. Mi aprendizaje del inglés deriva de diferentes factores: por un lado, la enseñanza en el colegio (educación primaria y secundaria), que, en lo que respecta a España, no es buena. Por ello, durante 10 años fui a una academia de inglés. Más tarde, realicé dos estancias en Estados Unidos, una de ellas cuando estaba escribiendo mi tesis doctoral, y la otra posteriormente. Ese medio año en total fue una oportunidad muy buena para aprender inglés ‘in situ’.

6.      ¿Cuáles son los académicos que más lo han inspirado en su trabajo? ¿Ha tenido la suerte de conocerlos e intercambiar con ellos?
Siempre hay muchos académicos que en mayor o menor grado (y de manera consciente a veces o inconsciente otras) inspiran el trabajo de una persona. Por ello, sería injusto aludir a unos y olvidar a otros. Sin duda, la persona que más ha inspirado mi trabajo ha sido Noam Chomsky, por razones obvias, dado que mi investigación principal se sitúa en la Gramática Generativa fundada por ese autor. Tuve la gran suerte de poder asistir durante un trimestre a un curso que dictó Chomsky en su universidad (Massdachusetts Institute of Technology), y que fue enormemente productivo para mis intereses.

7.      En la Universidad y para ser más precisa en la Universidad colombiana, el discurso teórico de Chomsky ha sido dejado completamente de lado. Eso se puede observar igualmente en otros países latinoamericanos. ¿Por qué usted ha trabajado y decide seguir trabajando en tópicos relacionados con el pensamiento de Chomsky?
Sí, es cierto lo que dice: en Colombia apenas hay personas que trabajen en la línea chomskyana, y lo mismo sucede en otros países latinoamericanos. En lo que respecta a España, las cosas no son demasiado diferentes, pues sólo una pequeña parte de linguistas son de orientación chomskyana. En mi caso, fui una especie de autodidacta en la corriente chomskyana, pues nadie más en mi universidad trabajaba (ni trabaja) directamente en ella. Como señalaba en una pregunta anterior, a pesar de la dificultad que implica estar solo intelectivamente en mi universidad, decidí trabajar en esa corriente por el gran interés que despertó en mí, especialmente por la conexión que establece esa corriente entre el lenguaje y la mente.

8.      ¿Podría decirme cómo sus escritos podrían ayudarme ya sea en lo teórico o en lo metodológico para mi desempeño como futura profesora de español y literatura?
Sinceramente, no podría decir mucho al respecto de esa pregunta. Tenga en cuenta que yo no soy profesor de español, sino de lingüística general, lo que implica que la perspectiva es diferente. En todo caso, las investigaciones en lingüística siempre pueden ser aplicadas a lenguas específicas.

9.      Si hubiera la necesidad de etiquetar administrativamente todo su trabajo en lingüística, ¿podríamos decir que su trabajo es Biolingüística?
La Biolingüística o estudio biológico del lenguaje es lo que ocupa la mayor parte de mis intereses de investigación (tanto desde la perspectiva de la ontogenia del lenguaje como desde la de la filogenia). Sin embargo, no es el único, pues también me interesan otras áreas de conocimiento, habiendo igualmente publicado sobre ellas, como pueden ser filosofía de la ciencia, prejuicios lingüísticos, comunicación y cognición animal, filosofía de la biología, etc.

10.  ¿En qué temas está investigando actualmente?
Actualmente estoy investigando diferentes temas, algunos de los cuales son los siguientes:
-          Análisis de las bases gencentristas de la biología moderna y de su aplicación al lenguaje
-          Formulación en el ámbito del lenguaje de un modelo desarrollista que sostenga el carácter innato del lenguaje, pero sin sobrevalorar el papel de los genes
-          Análisis crítico del papel del ADN fósil en Paleoantropología
-          Análisis computacional de los diseños geométricos prehistóricos y del arte parietal, para tratar de inferir la existencia de lenguaje complejo en quienes los hicieron
-          Bases biológicas y linguisticas del programa Minimalista, modelo chomskyano actual
-          Resaltar las concepciones modernas (tanto en biología como en lingüística) de una de las obras pioneras del enfoque biolingüístico, como es Biological Foundations of Language, escrita por Eric Lenneberg en 1967. Muchas ideas de esta obra son mucho más modernas de lo que sería esperable en un libro escrito en la década de 1960.
-          Análisis crítico de un trabajo que sostiene la presencia de un proceso morfológico en monos en estado salvaje
-          Dificultades a las que se enfrenta la noción de interdisciplinariedad
-          Trabajo de recopilación y selección bibliográfica comentada sobre la metáfora

Nota: Hay que anotar que la entrevista se realizó vía correo electrónico, por tal razón no adjuntamos grabaciones.



martes, 23 de agosto de 2011

DE NUEVO EL PERFIL

De los sin sabores de la vida

Para una mañana calorosa, era apenas esperable que fuera sorprendida por los avatares del día. Aquí es entonces donde intento decir lo particular, muy particular que en cualquier momentos nos puede pasar.
Ella quien a simple vista no cautiva todas las miradas y al parecer no es su intención escuchar chiflidos por cada pasillo que pase. Lleva en su cabeza el accesorio del día: una bobina azul, que además de todo está tejida. Su piel es trigueña, su rostro es algo ovalado, sus cejas forman una figura entre circular y recta, sus cejas no son del todo definidas. Además debo mencionar, que sus ojos no son demasiados expresivos, parece haber detrás de ellos un claro rastro de tristeza; ¿a causa de qué? ¿Amor? ¿Inconformidad? ¿Angustias? ¿Ansiedad? Tantos interrogantes que se me ocurren y quizás su propia voz nos dé la respuesta.

Esta mujer nace accidentalmente el día 11 de marzo del año de 1989, y digo accidentalmente pues porque al parecer como suele suceder en una sociedad como la nuestra, no fue fruto de un amor acordado, planeado y quizás deseado; sino por la imprudencia de la pasión que no da tiempo para pensar, ni siquiera de respirar. Yuri Esmeralda Romero Quiroga, cuyo nombre corresponde a la mujer que intentamos retratar. Ella ha sido protagonista de fuertes cambios en su vida, pareciera entonces que esta última, se ha propuesto enseñarle a Yuri los gajes de existir en un mundo tan paranoico como al que estamos expuestos a diario todos aquellos quienes decidimos aceptar el reto de vivir. Así pues, ella es hija mayor de tres hermanos, dos de ellos mujeres, incluida ella y un varón que para la ocasión no tiene mucho que agregar.
Y aunque no hubo mucho tiempo para confesiones, Yuri nos dejó a flor de piel algunos de sus más íntimos secretos. Como suele pasar en una cultura patriarcal como la nuestra, que ha sido acechada por la injuria de los ancestros cuyas raíces se fundamentan en la imposición del valor, el respeto, la honra y lealtad a todo varón, sin importar los agravios que pudiera esto traer. Ella crece en un hogar de padre machista, quien como en una suerte de desquite con la vida, quemaba las muñecas de Yuri, pero por azares de la vida su madre, le confesiona clandestinamente una de trapo; esta muñeca se convierte para ella en su más fiel compañía.
Y aunque sin queja con la vida, no ha sido víctima ni del hambre ni de la pobreza; acostumbrada entonces a vestir de vestido de golas y zapatos de charol, de guantes de  seda, ahora enfrenta las malas jugadas que la vida le depara sin ni siquiera ella imaginarlo.
Esta mujer de piel trigueña no podía llorar, el derecho más humano a ella se lo violaron por décadas y ahora, su impotencia para hacerlo, se le transforma en un odio reprimido y fatigante. Sin embargo, el contacto con la gente ha permitido modificar esta firme dureza, suele ser bondadosa con los más necesitados, suele dar limosnas y todo cuanto pueda.

Dentro de sus preferencias están los gatos, preferencia que ahora es la culpable de su más inesperada noticia. Ha Yuri se le ha descubierto ser estéril, en su sangre recorre un pelo de gato; ese es el resultado que le dio su médico de turno. Ahora, con pocas posibilidades de ser madre se enfrenta a fuertes crisis depresivas, a tal punto que ha recurrido al suicidio, en dos ocasiones. La primera vez, fue a los quince años, se colgó de una soga y por fortuna su madre llegó y con una macheta cortó el laso. Su segundo intento, fue hace un par de meses cuando recibió la noticia de su infertilidad; recurrió a tomar una papeleta de veneno campeón, duro internada tres días. Como resultado en la actualidad Yuri recibe asesoría profesional en trato psicológico, pues paralelamente a su crisis depresivas, ella presenta un bajo nivel de autoestima.
Quién lo diría, una fuerte noticia; y a veces pensamos que nuestras tristezas, nuestras angustias son las más grandes, pero inevitablemente son las nuestras, las que nos agolpan y nos desmoronan la vida. Esta mujer ahora nos da una razón más para pensar en las simplezas tan inteligentes y lógicas que nos puede dar la naturaleza y la vida misma.  
    

UNA MAS

10 de abril… Un domingo poco común.

Nunca he estado preparada para leer mis escritos en público, no los de este corte y aunque siempre en clase el profesor pide que alguien lea su crónica, yo expectante desde mi puesto espero que no pronuncie mi nombre. Pero, ahora mismo intento escribir mi crónica, por si algún día la leo en clase y como el retrato de aquella mañana.

Era la mañana del 10 de abril, era domingo, la mañana no era tan calorosa como acostumbraba estar, este día sería diferente.

Como todos los domingos, difícilmente me levanté de mi cama pero al final lo logré, pues esa mañana era expectante, por eso en el fondo quería que las horas se pasarán pronto, pues para ese día tenía una cita, de esas que nos desgajan las entre pieles del corazón, aquellas que nos dan del amor, cada delicia. Me dirigí como de costumbre a comer mi desayuno, un pan frio y un café oscuro, era domingo y cada quien tenemos de nuestros intereses, sus propios afanes, así que no hay mucho tiempo, ni para cocinar; luego de unos minutos mamá sale al mercado con mi hermana. Al rato saco mi cuaderno de apuntes, ese cuaderno que no guarda solo notas, si no también secretos, confesiones y hasta dolor y un poco de angustia. Ese día me senté en el  asiento de centro de la mesa del comedor de mi casa, estaba sola y tuve la necesidad de escribir algo sobre las impresiones tan humanas del ser, por ejemplo, para ese día escribía lo que sentí el miércoles de esa semana. Por ejemplo escribía algo así como:
La ansiedad que agolpa los sentidos, pone vibrante el corazón humano.
Toma el teléfono y como quien va dispuesto a su inevitable condena, marca el número que quizás le dará una paz absoluta, pero divagante. Ahora cuando responden un ¡halo! Enfrió sus sentidos, atónita, sin más que decir, hay un silencio que se prolonga, no por mucho tiempo. Y ese ¡halo!, es ahora respondido.
En una suerte de salvavidas, ese ¡halo! Será el causante de su paz. Después de unos minutos, unas cuantas palabras mal dichas, son estos dos personajes, dispuestos a un todo para una nada, quienes encontraran en un lugar secreto, como una especie de caverna platónica, la soledad de lo humano.
Se encuentran y sin que sus miradas se logren encontrar, entran. Como es habitual, sólo hay un: hola; nada más.
Al entrar a la caverna hay otra caverna, un poco más oscura y más silenciosa. Allí, junto a una almohada, él se sienta de un lado y ella se acerca muy segura de lo que va hacer, pero sin saber que habrá del otro lado. Y allí, donde precisamente está él, quien aunque no lo confiesa, la espera ansioso y necesitado de ella. Ella se acerca y lo besa, no hay más que un prolongado silencio. Pero él corresponde, se besan y luego, en un estremecido interrogante él dice: y después de esto, ¿Qué va a pasar?, ella replica: nos amaremos más. Lentamente se besan y se besan con total convencimiento, es como si de repente cada quien supiera que después de ese beso, siguiera la muerte. No hay más, él toca su piel y ella la de él, luego de unos minutos, sus cuerpos están unidos…  
Aún estando en la mesa, de repente suena mi teléfono celular, veo que  el número que registra es el de doña Elcira, la mamá de Sneider, en últimas, mi suegra; me causa extrañeza, sin embrago respondo: ¡halo! Katerine –me dice la señora-, si respondo yo, y ella continúa “Katerine Edward está muerto, baje por favor” una fuerte daga fría y afilada traspasó cada entraña de mi ser. No lo creía, aunque mis sentidos no dejaran de confirmar tal noticia y a la vez sentir un dolor inevitable. No supe como colgué el celular, solo repetí la frase para quienes estaban en la casa “Sneider está muerto”. ¡Cómo putas! Fue lo único que pensé y quizás, hasta murmuré. Me cambié de ropa y sin importar que mamá llegara y no me encontrara en casa, salí con mi otra hermana, para confirmar algo que ya sabía.
Salí de la casa, con el alma enmudecida, con la razón en el aire y con una letalidad que me consumía la vida. De camino me encontré a  mamá, ya se había enterado, solo lloré y la abrace, parece que para ese día no tenía otra opción. La verdad, esperaba que fuera una equivocación, fuera de estúpidos tal idea, y sin importar, yo la esperaba, lo que es peor, la conservaba y se aferraba a mí, como el dictamen de vida. Era cada, cada milímetro de mí ser que se desmoronaba, cada aliento se me iba por la desazón del pensamiento. 
Edward Sneider, es el nombre de quien esa mañana fría de domingo extraño, rompería mi más profundo dolor y la condena al inclemente duelo.

Era raro, la noche anterior habíamos hablado y nos dijimos las más dulces palabras que un par de enamorados podrían decirse bajo la luna de plenilunio. Pero para ese sábado, la seducción del alcohol, el éxtasis de la rumba y unas cuantas razones de depresión, se sumaron a su existencia y que paradójicamente le entregaron en bandeja de plata su propia condena: la muerte. Esa misma noche acordamos vernos al día siguiente. No alcanzó, la flaca sigilosa solicito su presencia.
Parece de absurdos, pero el sentimiento que para ese día, de miércoles pasado, unía nuestras pieles carnosas y ansiosas de tanto querer, era el adiós que ahora nos condena.
Esa mañana,  el barrio estaba consternado, y es que no era para menos, Sneider, era un pela ‘o de muchas amistades, conocido por todos, entregó cada sonrisa, cada lánguida palabra, cada pensamiento, que sin temores y sin esperar nada a cambio, le permitió ver de la vida, sus caras más inevitables. Para él los colores de la vida no tenían muchas tonalidades, su vida no figura en un amplio vagón de opciones de ser. Lleno de cotidianidad y condenado a la misma, y quizás a la que a diario, todos nos condenamos; enfrentó temores, angustias y dolores, esos dolores del engaño que no se curan ni con antibiótico.

No se hablaba de otra cosa. Al frente de centro abastos está el cuerpo de Seneider o lo que queda de él. Una mula le paso por encima en consecuencia de la imprudencia del alcohol y la euforia de la aventura. No lo vi, y hoy pienso que fue mejor así.
Eran ya casi las nueve de la mañana y aún guardaba la esperanza que ese, el del accidente no fuera él. Pero, parece que la vida hacía de sus pasadas, la más amarga.  Pero no, ya estaba confirmado, era él que de manera irreconocible pero que  con sus zapatos, dejaba por sentado su identidad, y ese último adiós.

No he perdido a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos.




MAS CRONICAS

La crónica de la y para la clase

Hoy Juliana leyó para la clase su crónica. Yo por mi parte nunca me he atrevido a leer la mía; no sé si por temor o por pura vergüenza o lo que es peor, por un inmenso orgullo a no enterar al público expectante, de los temores, sensaciones e impresiones que puedo tener de la rutina de cada día.
Sin embargo hoy escribo sólo para sopesar un poco la angustiante tarea de levantarme y ver que hoy el sol también salió.

Son las cinco de la mañana de un día cualquiera. Suena la alarma del estrepitoso celular y además del reloj de pila de mamá. Ella como todas las mañanas se despierta, pero antes de levantarse, desde ese segundo piso de mi cama, que a veces parece el balcón de la dimensión que me aleja de la cotidianidad asfixiante a la que a diario tenemos que enfrentarnos y como soldados cuestionados, continuar. Mamá se despierta, yo también lo hago y escucho unos susurros, es ella que como todos los días hace su rosario, según ella: “pa’ que en la casa no falte lo necesario”. Pasan casi quince minutos y viene la voz de mí llamada al desprendimiento de mi piel y la sabana que durante una fría noche intentó cobijar mi sueño, pero que sin embargo ha sido un tanto embano.
Hace mucho tiempo no duermo muy normal, mamá dice que eso se debe al estrés, yo a veces pienso que es algo más. Mamá muy animosa, con ese ánimo que sólo puede tener alguien que aun siente el sabor de la sal sobre su piel cada vez que el sol inclemente broncea sus brazos. Mamá dice: “Katerine, parece ya, son las 5”, miro el reloj y en realidad son las 4: 30 de la mañana; pienso un rato, aun respiro y eso me tranquiliza. Me levanto, es hora de ir a la universidad convencida  que quizás hoy no será tan peor.
Después  de un helado y despertante baño que resquebraja cada centímetro de mis huesos, tomo el desayuno; un chao para mamá y un Dios la bendiga como respuesta; y aunque nunca se lo pido, siempre lo espero, es como mi amuleto y la garantía de que mamá no está brava conmigo y aun me quiere, aunque no me lo repita todos los días; y sé que es mejor, no soportaría escucharlo todos los días, pues entonces el sentimiento tan honesto de mamá, se sumaría al archivo de las cotidianidades del día.
Llego a la parada  espero la ruta de todos los días, a decir verdad ya me sé el recorrido, pero me encanta. Miro por la ventana, son los mismos carros, las mismas autopistas, hasta casi que los mismos pasajeros, pero, por allá por el horizonte cuando apenas el sol empieza a asomar y el firmamento entre madrugada y día, se va desvaneciendo, las pupilas de mis ojos se dilatan; es la evidencia que aún respiro.

Son casi las seis de la mañana y viene la pregunta del día: ¿Cómo es que somos tan frágiles, en medio de una naturaleza, donde nuestra especie es tan fuerte? La respuesta como siempre se diluye en mis aglomerados pensamientos. De nuevo, pensar que nos precipitamos cada vez que parpadeamos, cada vez que por un segundo dejamos de pasar por desapercibido lo natural de la vida: SER.
Me bajo del bus, es la parada que me lleva de camino a la universidad. Faltan tres minutos para la seis, la clase ya casi empieza; llego al salón, escojo el asiento del fondo. Hay estoy de nuevo frente al tablero que no me dará ni verdades ni mentiras, sino la respuesta incongruente de estar allí. 

CRONICAS

LOS QUINCE AÑOS DE LA MUJER DE CABELLOS BLANCOS


15 años. Fueron las últimas palabras de aquella que parecía tan inofensiva, - y vaya paradoja-, ella fue quien al final condenó la fe, la esperanza, los sueños y las ilusiones de quienes ahora mismo lo extrañan en casa. La verdad no sé qué decir al respecto, ni siquiera quiero estar en los zapatos de la mujer de cabellos blancos, de ojos pequeños, dulces y tan cansados de sufrimientos, de dolor  y de una angustiante desesperanza que la vida le otorgó sin ella siquiera solicitar y mucho menos esperar. Ella, quien camina por cada uno de los caminos que el tiempo, la angustia y la tiranía de muchos ajenos le han ofrecido, hoy  desgarró mi corazón, como una punzada de la daga helada; ésta me atravesó y quebrantó cada uno de mis huesos, y sin dar espera, el corazón ahora es la esponja que absorbe cada descontento del poco fruto de la mucha fe.

 Ahora mismo me pregunto ¿qué es la justicia? Qué es, acaso se trata de decir con voluntad impositiva que está bien y que está mal, no lo sé. Parece que todo consiste en el espejismo que se construyen  aquellos que se rotulan los líderes de la justicia: juez, fiscal, policía, abogado. Ellos, quienes hoy han condenado, no sólo a un hombre de baja estatura, de pocos sueños pero de muchas angustias y de fuertes desazones que le ha dado la vida, hoy él, ha recibido su respectiva condena, pero a la vez han condenado los sueños de la mujer de cabellos blancos. Ella contaba con la presencia de él, pero hoy parece que se lo han entregado muerto. Junto a esta condena, se condenaron lágrimas, sueños y los inmensos anhelos por su pronto regreso. Ahora parece que él se ha ido para quien sabe cuándo volver, y si acaso vuelve… o si cuando regrese la mujer de cabellos blancos esté en su eterno descanso con la zozobra de esperarlo todos los días, por esperar a que cada día tocará a la puerta y le dijera: “hola amá, aquí estoy, a ver pa’ arreglarle el sótano”. Parece que este plan ahora se aplaza, entra en retroceso.
 Ahora mismo no se trata de decir que si es o no culpable, no, para qué, eso en últimas no da paz. Además, no soy quien para decir si lo es o no, suficiente tuve con todo lo que escuché esta tarde: “se le señala por intento de abuso sexual, aunque no se haya encontrado prueba material;  no presenta trastornos mentales, por tanto su acto ha sido consciente, etc.” Y así, con el extenso repertorio en el que el único fin era señalar, judicializar, en últimas ¡CULPAR! Como si eso diera fe de lo humano que somos.
Al llegar a la casa de la señora de los cabellos blancos, ella pregunta “¿cuánto le metieron?”, 15 años responde mamá, con voz entrecortada y un tanto aturdida.
Pasado un corto silencio la señora responde de una manera desgarradora “ay Dios mío, se tragaron a mi hijo”, y de repente dos lagrimas caen de sus ojos, empalidece, se sienta y de nuevo dice “se tragaron a mi hijo, esa familia hijueputa”. Quién lo diría, la familia del ser que él más ama, hoy lo condena a un trago amargo de forzoso aislamiento.
¿Qué es humanidad entonces?
 A caso es decir, soy mejor porque no odio a mi vecino, soy mejor porque soy fiel, soy mejor porque no siento envidia, soy mejor porque voy a la iglesia y tú no. Vaya, vaya, la retórica del ingenuo, del que quiere una vida rosa.
Somos tan egoístas, pienso por ejemplo, quizás que si aquellos quienes hoy condenan, tienen familia, será que tienen sensibilidad, será que observan el firmamento, el verde de las hojas, perciben el roce del viento, será que respiran el aroma de sus cuerpos, la calidez de sus carnes, no sé, quizás no, y si lo hacen no es suficiente, no lo es. Sé que no  fui yo quien lo condenó, sé que no con esto voy a sacarlo de su infierno y menos aún, voy a secar las lágrimas de la dulce señora. No.

Y es que no se me quita la imagen de angustia de su rostro. Todo el tiempo pretendió ser fuerte, sagaz para sopesar el dolor, el desgarramiento que ahora la condena, pero todo ha sido en falso, casi en vano, no logra disimular el dolor, ni mínimamente. No importa si en algún momento ella fue agente provocador de mi propio dolor; no sé, quizás  en eso consiste la vida para poder entenderla y darle un sentido. Lo que ahora  importa es poder si quiera comprender porque la vida es tan absurdamente paradójica. Ella víctima de la infamia del machismo, del fatalismo del amor y ahora…víctima de la zozobra del desamor de madre.
Los golpes de la vida parece que ahora la hacen madurar, y parece que a ella le correspondieron muchos más para poder dimensionar el sentir de la vida, darse vuelta y comprender que todos los agostos no son iguales. No recuerdo cuantos años tiene, pero sólo sé que su edad está lo suficientemente avanzada como para entender que pronto faltará, y que su morada pronto dejará de ser tan cálida, que pronto volverá el vacío que deja la muerte, y pienso en mamá, ella víctima de la angustia, cultiva en sus esperanzas tener mamá pa’rato, y yo en el fondo espero lo mismo. Pero todos sabemos que la realidad es otra. Quizás la petulante sombra del duelo, como siempre nos tome por sorpresa.
Mis pensamientos danzan ente el vaivén del recuerdo y así, sigo aún con la imagen intacta de ella, la mujer de los cabellos blancos.
Pero bueno, hay que admitir que logró tocar las entre pieles de mi sensibilidad, parece que aquí es inevitable sentirlo, y lo más particular es que a veces se me olvida el valor de la familia, no como papá, mamá, hermanos, etc., sino más bien como  el valor de la unión, o de la necesidad de la misma. Me parece que este ha acontecimiento es el reflejo de la ausencia de la unión, de la fe de creer que se tiene a alguien más, que no estamos solos, que es posible que nos sintamos solos, sin embargo hay una esperanza, en el momento de la penuria a este hombre, la vida le recuerda quienes realmente están con él.
 Y pienso en él, y sé que al igual que muchos otros, él también  padeció y  padece, las inclementes dagas de la injusticia;  recordé tanto a El Extranjero de Camus, fue inevitable; Mersault frente al panteón de fusilamiento, aun no comprendió el absurdo de su existencia. Igualmente el hombre de pequeña estatura, Él, sin la mayor angustia, con una total resignación comprendió en parte su infierno, no supo más de sí. Dispuesto a complacer a la audiencia, preocupado quizás por el dolor de la  mujer de ojos tristes, pero sin nada más que le desgarrará el corazón, no lloró, no murmuró, no gritó…guardo un prolongado silencio en el que intentaba dar paz a aquellos a quienes en ese momento el corazón se les desmoronó. Lo único que pudo murmurar fue “tranquilos, yo estoy bien.” No sentí más que una incesante angustia de lo increíble, ningún tipo de dolor en especial o particular, pues sé que eso le podía haber pasado a cualquiera a quienes yo quiero, me aterra pensar, por ejemplo que le pasará eso a  mamá, papá.
Es probable que ahora en el inmenso y frio silencio del penitenciario, él llore, y quizás reflexione sobre aquello que la vida le dio y que ahora le arrebata. No sé, tal vez en algún momento quiso encontrar culpables donde no lo había  y ahora la vida se los cobra. ¡Qué paradoja!
Mamá lleva ya un buen rato despierta, creo que llora, su corazón se derrite.  Pienso más en la mujer de cabellos blancos, pienso más en su dolor; ni me lo imagino. Pienso igualmente que mamá llora porque no logra sopesar el doble dolor que ahora siente. Ella ama mucho a la mujer de los cabellos blancos, aunque jamás se lo diga, yo lo sé. Sé que está muy triste, y eso me conmueve. La casa parece estar de luto. Hay un colosal y prolongado silencio, ni es sólo el silencio de la noche, es un silencio que cobija el desaliento, la impotencia, el dolor, la ausencia que tanto nos condena a  los humanos.


Querido lector hubiera  querido retratar en sus ojos, el color de su cara, era pálido, semblante inconstante, en sus ojos la luz que se pierde en el horizonte, y la sonrisa que se disuelve en la infinitud del dolor. No sé cuánto vaya a durar esta pena, pero lo único que ella mencionó, fue la sentencia de su muerte. Quiero que ella aún no muera, quisiera que lo viera de regreso a sus puertas.
Hoy fue el día del retroceso. Pobre de las personas que aún viendo como está este mundo, creen que luego podría no ser tan peor.
De nuevo mamá ha logrado dormirse, necesito que repose, la amo aunque no se lo pueda decir. A veces nos dejamos invadir por las pasiones de la rabias y no medimos nuestras intenciones. Pero ahora quiero pasar la hoja sin que me cause tanto dolor. Y yo que tan sólo pensaba asistir a escuchar la condena que en algún momento el quiso para  mamá. Salí con mi corazón entrecortado.



Perspectiva